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domingo, 6 de febrero de 2011

Bonito día para disfrutarlo

Hoy el día amanecía fresquito, pero bajo los primeros rayos de sol del color que a mi más me gusta, naranja... precioso amanecer...
Un día que invita a salir, abrigadito, pero a dejarse calentar por esos apetecibles rayos de sol...


"Rompe las barreras y verás la luz del sol, recuerda que un sólo paso hacia la meta reduce la distancia."

domingo, 16 de enero de 2011

Va por ti Remen!



Animo! Tu puedes! Tod@s te esperaremos en meta...

viernes, 14 de enero de 2011

Algo más que cruzar una meta...

Alguno ya teneís visto, pero es para verlo de nuevo. Está claro que el cuerpo no va a ninguna parte sin la mente...



miércoles, 12 de enero de 2011

Esos locos que corren...

Una vez ya os puse el texto. Ahora os pongo la versión en vídeo. Me encanta...




Autor: Marciano Durán

lunes, 26 de enero de 2009

You're the first, you're the last, my everything...

Al mal tiempo buena cara, y como el tiempo no acompaña nada... os dedico esta canción que me encanta, tanto como el personaje que la protagoniza, el "Bizcochito" de Ally Mc Beal... este tio es un crack! me encanta... asi que a ver si cada uno sacamos el "Bizcochito" que llevamos dentro! Viva la alegriaaaaaa!!

martes, 20 de enero de 2009

¿Y por qué no?

Poco a poco voy convenciendome de que me merezco una segunda oportunidad...
Quizas el primer año en el nuevo deporte fue algo desvocado e incontrolable por la emoción de la novedad, pero he comprendido que las novatadas se pagan. A veces, aunque sea dificil tengo que tratar mis emociones con un poco de tranquilidad, algo que busco esta nueva temporada. Ahí están los errores, para aprender de ellos.
Tal vez mi motivación hacía la carrera a pie o la piscina no ha llegado a poder llamarse así. Tal vez porque no vi cada uno como realmente es, sino que me metí en un circulo de competiciones que lo único que consiguieron fue no llegar a disfrutar lo que se puede llegar a disfrutar de estas dos disciplinas, eso, y las prisas por mejorar con rapidez.
Entre mis objetivos de este año, he establecido una serie de ideas que van surgiendo con el pasar de los días. y mis sensaciones. Son pocas, pues el gran objetivo es ir poco a poco, situando el tratar de disfrutar de la carrera a pie entre las principales.
Me había emperrado en que correr no me gustaba, que era algo que no me hacía disfrutar, pero gracias a mi nuevo punto de vista estoy basando mis entrenamientos en ritmos muy suaves, de tal forma que desaparezcan los muros y que mientras "trote" aprenda a DISFRUTAR mediante sensaciones. Disfrutar de cada zancada, pensando que voy cómoda, pensando que nada me frena, que mis piernas cada vez se van aligerando, y que... ¿por qué no? disfrutar corriendo.
¿por qué no poder mejorar poco a poco? ¿por qué no mejorar disfrutando? ¿por qué esas prisas? ¿por qué esos agobios que tenía? ¿por qué es imposible? ¿por qué...??? Me merezco darme a mi misma una segunda oportunidad, aprender a rezar la constancia, la fuerza de voluntad... y sentir como disfruto corriendo, como puedo llegar a lograrlo, pasito a pasito, saboreando cada uno de ellos...
 

Nada es imposible...

lunes, 12 de enero de 2009

IronMan, que es IronMan...

Dedicado TODOS y CADA UNO de los apasionados de este deporte, el triatlón... a los que lo practican, lo disfrutan, lo viven, animan... los que ya han conseguido ser "finisher" y en especial a mi hermano y a Xabi, un poco de motivación no os vendrá mal...



vamos triatletas! adelanteeeeeee!

miércoles, 7 de enero de 2009

Por algo se empieza...

Cuantas y cuantas veces paso una y otra vez por algo así...



Pero bueno, al principio hasta los campeones lo sufren, no??

martes, 6 de enero de 2009

Motivación...

Bonito video para que lo tengamos en cuenta...



porque en el fondo... todos llevamos un marcianito dentro...

martes, 27 de mayo de 2008

Esos locos que corren...

Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.

En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.

Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas,
trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera,
pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos
y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.

Usan championes con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados.
Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo. Están tratando de ganarle a alguien.
Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.
Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años. Son hombres y mujeres.
No están bien.

Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.
Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.
Son sus referencias de carrera: “Cinco que corren parecido a mí”. Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.

Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.
No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.
No las preparan…son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.

Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más! No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar. Son raros. Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien. Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.

Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice “Llegué -Tarea Cumplida”.
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos. Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.

Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10. Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal. -Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde. -Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.

Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.

Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.

Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.

Autor: Marciano Durán - Escritor Uruguayo